diumenge, 2 de novembre del 2014

La habilidad del cuidado de los hijos

La habilidad que tenemos de ser buenos progenitores no viene fijada por los cromosomas sino por los condicionantes sociales.
A la mayoría de los humanos les molesta el ruido del llanto de un niño.
Por eso, siempre buscan una solución para acabar con esta incomodidad aunque no sean sus propios hijos.
Sin embargo, esto ocurre con la mayoría de las especies, como bien dice el articulo que fue publicado en la revista American Naturalist.

Por ejemplo, un ciervo al oír un llanto, correrá a auxiliar tanto si es su cría, como si es la de una foca, marmota o incluso humana. Igual que ocurren con los perros y los niños humanos.
En principio se creía que ésto, era un efecto secundario de la domesticación.
 Pero no es así,  parece que en el llanto de un mamífero hay un componente ancestral y universal que dispara las alarmas de todos los otros animales de  la misma clase, incluso existen casos que hay una diferencia de 90 millones de años de evolución.

El experimento se hizo con un ciervo hembra, ya que se piensa que las mujeres están mucho más preparadas biológicamente para la paternidad que los hombres.
Pero un estudio publicado en la revista PNAS demuestra que no es verdad. Los científicos afirman que los hombres, cuando ellos son los principales encargados de cuidar a los hijos, experimentan los mismos cambios a nivel hormonal y funcional que el de las madres.
Incluso la paternidad hace disminuir los niveles de la testosterona en los hombres, hormona que está poco implicada  en la atención a los bebes.

No hay ninguna diferencia entre hombres y mujeres a la hora de hablar de paternidad. Solamente que los hombres no pueden incubar embriones dentro de ellos mismos.
Después de los nueve meses, se puede compartir incluso la lactancia.


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dilluns, 15 de febrer del 2010

Los bebes lloran en diferentes idiomas


buaa-buaa decibélico de los bebés es distinto según si el bebé ha nacido en Francia o en Alemania (o presumiblemente en cualquier otro país); aunque la onomatopeya siempre sea la misma: buaa-buaa.

Es lo que se desprende de un reciente estudio de la Universidad de Wurzburg (Alemania). La lengua materna del bebé influye decisivamente en su llanto.

Nuestros resultados demuestran que los fetos empiezan a aprender aspectos de lo que será su lengua materna cuando aún están en el útero”, declaró Kathleen Wermke, directora de la investigación. Y esto ocurre independientemente de que las embarazadas hablen o canten a sus hijos antes de que nazcan.

El feto percibe sonidos en el tercero trimestre de gestación y es capaz de reconocerlos; por ello el recién nacido muestra preferencia por la voz de su madre sobre las otras.

Así pues, un bebé francés o alemán no nacerá hablando por los codos (Hallo, mama… und so wieter) pero casi: si imitan vocales sólo a partir de los tres meses del nacimiento y no antes es porque el aparato de fonación todavía no está desarrollado para articular sonidos (una limitación, empero, que le permite mamar y respirar a la vez sin ahogarse) y el cerebro aún no está listo para empezar a aprender la lengua.

Pero el perfil melódico del llanto sí que queda influenciado por el idioma que el bebé escucha a su alrededor. De este modo, por ejemplo, los bebés alemanes de tres días de edad aumentan la intensidad del llanto progresivamente, a la vez que aumentan también la frecuencia pasando de un tono más grave a otro más agudo hasta alcanzar el clímax al final del llanto

Los franceses, por el contrario, empiezan llorando a todo volumen y con una frecuencia aguda, para reducir después la intensidad y bajar a una frecuencia más grave.

¿Para cuándo melómanos del llanto capaces de registrar con su fino oído una llantata alemana en do menor o una snifonía francesa en clave de Sol? O algo así.

Fuente: La Vanguardia