Según los científicos, la Antártida es un importante regulador del clima, que puede tener influencia en fenómenos de partes muy alejadas de este remoto continente.
Tanto es así, que este continente helado es un termostato influyente sobre el clima mundial, debido a la fría circulación profunda de los mares. La influencia de la Antártida es tanta que puede tener impacto en fenómenos como la floración de los cerezos en Japón o la claridad de los cielos del desierto de Atacama.
La existencia de este desierto, en Chile, y la claridad de sus cielos se deben a la influencia de la Antártida sobre la corriente oceánica que sube por las costas chilenas. La corriente de agua disminuye los procesos de evaporación, lo que reduce las precipitaciones y la nubosidad de la zona.
También, influye en la interconexión de los océanos puesto que cuando se derrite el agua dulce de los glaciares, que presenta una densidad menor que el agua salada, y entra en contacto con las corrientes oceánicas, altera su salinidad, lo que influye en la interacción entre la superficie del mar y la atmósfera.
Hay que tener en cuenta, que este es un tema importante a tratar por la importancia mundial que tiene, ya que en 2015 después de registrarse la temperatura más alta en la Antártida, se originaron en 24 horas la misma cantidad de lluvia en el desierto de Atacama que en los 14 años anteriores, por ello, en mi opinión, debido a esta influencia, debemos proteger y cuidar la Tierra aunque sea demasiado tarde.
Aquí, dejo el enlace de la noticia original. Además, de un vídeo complementario que explicando las influencias de la Antártida.
La fuerte corriente de El Niño en el Océano Pacífico no muestra signos de disminución, y "ha creado ya un caos climático alrededor del mundo", según ha admitido la NASA en un comunicado.
La imagen más reciente del satélite Jason-2, correspondiente al 27 de diciembre, tiene un parecido sorprendente a la del 28 de diciembre de 1997. Ambos reflejan el patrón clásico de este fenómeno completamente desarrollado.
Las imágenes muestran alturas de la superficie del mar altas, a lo largo del ecuador en el Pacífico central y oriental, la firma de un grande y poderoso El Niño. Alturas superiores a las normales en la superficie del mar son una indicación de una gruesa capa de agua caliente.
El Niño se activa cuando los vientos alisios, que soplan hacia el oeste en el Pacífico se debilitan o incluso se producen en sentido inverso, lo que provoca un calentamiento dramático de la capa superior del océano en el Pacífico tropical,central y oriental. Las nubes y las tormentas siguen el agua tibia, bombeando calor y alta humedad a la atmósfera. Estos cambios alteran los caminos de la corriente en chorro y afectan a las rutas de las borrascas en todo el mundo.
El Niño de este año ha causado que la capa de agua caliente que normalmente se amontona alrededor de Australia e Indonesia adelgace drásticamente, mientras que en el Pacífico tropical oriental, las aguas superficiales normalmente frías están cubiertas con una gruesa capa de agua caliente. Esta redistribución masiva de calor hace que las temperaturas del océano se eleven desde el Pacífico central hacia las Américas.
Como resultado ha disminuido la lluvia del sudeste asiático, con una reducción de las precipitaciones en Indonesia que ha contribuido al crecimiento de los incendios masivos, informa la NASA en un comunicado.
En todo el mundo, la producción de arroz, trigo, café y otros cultivos ha sido duramente golpeada por la sequía y las inundaciones, lo que lleva a precios más altos.
La Niña presenta condiciones esencialmente contrarias a El Niño. Durante un episodio de La Niña, los vientos alisios son más fuertes de lo normal, y el agua fría que normalmente existe en las costas de América del Sur se extiende hasta el Pacífico ecuatorial central. Episodios de La Niña cambian los patrones climáticos globales y se asocian con menos humedad en el aire sobre las aguas oceánicas más frías. Esto se traduce en menos lluvias en las costas de Norte y Sur América y a lo largo del Pacífico central y oriental, y más en el Pacífico Occidental.
Científicos del MIT utilizan cámaras de alta velocidad para revelar
el proceso por el cual las gotas de agua liberan sustancias atrapadas en
el suelo, produciendo el olor a lluvia
Al grabar la caída de las gotas a gran
velocidad se observa cómo diminutas burbujas son lanzadas hacia arriba.
Estas burbujas liberan en forma de aerosol las sustancias depositadas en
el suelo. / MIT/Youngsoo Joung.
El origen del característico olor a lluvia y tierra mojada que se
queda en el ambiente tras una ligera llovizna ha sido fruto de mucha
especulación científica pues no se sabía cuál era el mecanismo por el
que se liberaba. Este inconfundible aroma tiene incluso nombre propio:
petricor, derivado de dos palabras griegas petros que significa piedra, e ikhôr que es el líquido que fluye por las venas de los dioses en la mitología griega. Ahora un grupo de científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) cree haber dado con este mecanismo. Es más, lo ha grabado en vídeo.
Utilizando cámaras de alta velocidad, los investigadores han
observado que, cuando una gota de lluvia choca contra una superficie
porosa, atrapa minúsculas burbujas de aire en el punto de contacto. Al
igual que el gas en una copa de champán, las burbujas viajan hacia
arriba a través de la gota para explotar una vez llegan a la superficie,
liberando con ello una pequeña cantidad de aerosoles, o nubes de partículas en suspensión, procedentes del suelo.
En su estudio, Cullen R. Bruie,
profesor asociado de Ingeniería Mecánica en el MIT, y el investigador
post doctoral Youngsoo Joung, han sido capaces incluso de predecir la
cantidad de aerosoles que se liberan dependiendo de variables como la
velocidad de caída de las gotas y la permeabilidad y porosidad de la
superficie de contacto.
Para ello grabaron con cámaras de alta velocidad gotas de “lluvia
artificial” generadas en su laboratorio a medida que chocaban con una
serie de superficies, según iban variando la velocidad de las gotas al
dejarlas caer desde diferentes alturas. A partir de este experimento
concluyeron que los aerosoles parecen liberarse en mayor cantidad
durante lluvias ligeras o moderadas, tras lo que pueden ser
transportados por el viento.
Los investigadores realizaron hasta 600 experimentos con 28 tipos de superficie
Los investigadores piensan que, en el medio natural, estos aerosoles
pueden arrastrar no solo aceites vegetales y otros elementos aromáticos
almacenados en el suelo, sino también bacterias y virus. “Hasta ahora no
se sabía que se pudiesen generar aerosoles a partir de la caída de
gotas de lluvia en el suelo”, dice Joung. “Este hallazgo puede ser un
gran punto de partida para trabajos futuros que revelarán cómo microbios
y químicos que se encuentran en el suelo pueden liberarse al medio
ambiente e, incluso, llegar hasta los seres humanos”. “Se trata de un
fenómeno tremendamente común y es raro que nadie haya observado este
mecanismo anteriormente” comenta Bruie.
Los investigadores realizaron hasta 600 experimentos con 28 tipos de
superficie: 12 materiales sintéticos y 16 muestras de suelo. Además de
comprar suelos comerciales, Joung tomó muestras del suelo en los
alrededores del MIT y a lo largo del río Charles, en Boston (EE UU), que
discurre junto al campus del MIT.
Luego construyeron un sistema de cámaras de alta velocidad para
capturar el impacto de las gotas. Al poder observar la caída de una gota
250 veces más despacio que su velocidad real, las secuencias obtenidas
revelaron un mecanismo que nadie había observado anteriormente: cuando
la gota se estrella contra la superficie comienza a aplastarse y,
simultáneamente, pequeñas burbujas se crean en el punto de contacto con
el suelo, atraviesan la gota y son lanzadas al aire. Dependiendo de la
velocidad de caída de la gota y las propiedades de la superficie sobre
la que cae, una nube de “aerosoles frenéticos” se dispersa.
“Los llamamos frenéticos porque se pueden generar cientos de gotas de
aerosol en un periodo corto de tiempo, unos pocos microsegundos”,
explica Joung. “Además, hemos descubierto que se puede controlar la
velocidad de generación de aerosoles variando las propiedades del suelo y
la velocidad de impacto”, añade.
Joung continúa realizando experimentos similares, utilizando superficies impregnadas con bacterias del suelo y patógenos como E. coli
para observar como los contaminantes pueden ser dispersados por las
lluvias. En su investigación actual también se depositaron tinturas en
las superficies y, posteriormente, comprobaron que las gotas de aerosol
dispersadas eran capaces de arrastrarlas, lo cual confirmaría que este
mecanismo puede dispersar las sustancias depositadas en el suelo.
“Para prevenir la trasmisión de microorganismos desde la naturaleza a
los humanos necesitamos comprender los mecanismos de los que se sirven.
Gracias a este trabajo hemos descubierto uno de estos mecanismos”,
concluye Joung.