con quimioterapia.
De las casi 700 especies que hay, un centenar son venenosas. Por ejemplo el Conus geographus usa la insulina para provocar un ataque hipoglucémico en sus presas antes de devorarlas. Los científicos llevan décadas estudiando los componentes cuyo veneno está formado por más de 100 neurotoninas, las cuales todas juntas pueden matar a un humano, pero individualmete, algunas pueden ser su salvación. El compuesto RgIA4 del Conus regius, parece que impide la transmisión de las señales de dolor por parte de neuronas.
"RgIA4 actúa sobre una ruta completamente nueva, lo que abre la puerta a nuevas estrategias para tratar el dolor", dice el profesor de psiquiatría de la Universidad de Utah y coautor de la investigación, Michael McIntosh.
Los investigadores, que han publicado sus resultados en la revista PNAS diseñaron 20 análogos. Los animales a los que les habían inoculado la conotoxina dejaron de sentir dolor y aversión al tacto. El efecto aparecía en apenas media hora y se mantuvo en algunos casos 72 horas. Aunque necesitan más estudios, los investigadores no vieron que la acción sobre esta nueva ruta del dolor produjera tolerancia o adicción. No se ha comprobado aún en humanos, pero el veneno de este caracol abre una vía para tratar el dolor, particularmente el crónico o el neuropático.
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