dissabte, 25 d’abril de 2009

El tacto, un sentido fácil de engañar


La mayoría de nosotros estamos bastante seguros de la propiedad de nuestro cuerpo. Vemos unos apéndices que salen de nuestros hombros y pensamos: éstos son mis brazos; esa herramienta multidigital al final del brazo es mi mano; al final de los dedos encontramos las uñas.

Y así sucesivamente. La conciencia que tenemos de la posición de nuestro cuerpo en el espacio se denomina propiocepción.


Pero a la ciencia le gusta poner a prueba las cosas que damos por sentadas. Resulta que nuestras sensaciones propioceptivas pueden engañarnos fácilmente.


Hace poco un neurocientífico llamado Henrik Ehrsson realizó un experimento en el que colocó a una persona en una máquina de RM (Resonancia Magnética) con la mano derecha sobre la pierna, ocultas bajo una superficie sólida. Sobre dicha superficie dispuso una mano derecha de goma. Luego, un investigador usó un pincel para acariciar un dedo de la mano real, que el sujeto no podía ver, mientras simultáneamente acariciaba el correspondiente dedo de la mano de goma, que sí podía ver.


Por lo general los sujetos sometidos a ensayo desarrollaban al cabo de 15 segundos la sensación de que la mano de goma era la real. Se asustaban cuando Ehrsson amenazaba con golpearla y se sobresaltaban al darse cuenta de que no podían levantar no de los dedos de goma. Sabían qué estaba sucediendo, pero su pensamiento racional no podía disipar la ilusión sensorial.


"No es que lo piensen -dice el neurocientífico-. Lo sienten. No pueden evitarlo."


Ehrsson no es el primero en realizar un experimento que demuestra que la ilusión es capaz de burlar la propiocepción. Pero es el primero en usar escáneres para estudiar qué partes del cerebro se activan durante el ensayo. Su opinión es que la corteza premotora, una zona del cerebro que integra visión y movimiento corporal, controla el sentido de la posesión del cuerpo.


Esto supone una aproximación científica y tecnológica a una cuestión que los filósofos han debatido durante siglos. ¿Hasta qué punto podemos creer que nosotros y el mundo que nos rodea somos reales? En el siglo XVII René Descartes afirmó: "Pienso, luego existo". Pero eso no dejaba de ser más que un pensamiento. George Berkeley, filósofo del siglo XVIII, animó el debate al proponer su teoría del idealismo, según la cual el mundo real existe sólo en virtud de nuestra aprehensión del mismo: los objetos materiales existen sólo como ideas en nuestra mente.


Tenemos la fundada sospecha de que el mundo es real, y no una ilusión. Pero muchas de nuestras percepciones se construyen internamente. Es como una película que constantemente está siendo filmada, montada y a veces censurada por un pecualir director que circula por nuestro cráneo. ¡Y que tiene muchos efectos especiales!


Como dato de interés relacionado con nuestro cuerpo me gustaría destacar el caso de los llamados "estímulos fantasma".

La percepción de las partes de nuestro cuerpo puede permanecer incluso después de perder un brazo o una pierna. Las personas que han sufrido la amputación de un miembro a menudo experimentan sensaciones, a veces de dolor, en lo que se conoce como miembro fantasma, hasta el punto de que creen que lo están moviendo; cerrando un puño, sosteniendo un lápiz, agitando la mano o sacudiendo una pierna. Algunos científicos sospechan que ante la falta de estímulos táctiles que despierten sensaciones, el cerebro establece nuevas conexiones neuronales que reemplazan las señales que ya no recibe.


Información extraída del apartado de neurociencia de una revista científica cuyo autor es Joel Achenbach.