divendres, 10 d’abril del 2026

El exceso de cromosomas podría originar el cáncer infantil más frecuente

    

leucemia linfoblástica aguda 












La leucemia linfoblástica aguda de células B es el cáncer infantil más frecuente y afecta directamente a las células de la sangre. En este tipo de enfermedad es habitual encontrar una alteración genética conocida como hiperdiploidía, que consiste en la presencia de un número anormal de cromosomas en las células. Mientras que lo normal es contar con 46 cromosomas, en estos casos pueden aparecer entre 51 y 63. Este exceso no se distribuye al azar, sino que afecta con mayor frecuencia a cromosomas concretos como el 4, 6, 10, 14, 17, 18, 21 y el cromosoma X.  
     
                                                                                                 

Este tipo de alteración se origina en las células progenitoras de la sangre durante el desarrollo fetal. Aunque no es suficiente por sí sola para provocar la enfermedad, sí produce cambios importantes en el comportamiento celular. Estas células presentan una menor capacidad de proliferación y un retraso en su diferenciación, lo que hace que permanezcan durante más tiempo en un estado inmaduro. Debido a esto, algunas pueden mantenerse en la médula ósea durante años en forma de clones raros, es decir, pequeños grupos de células alteradas que no llegan a causar la enfermedad de forma directa.


El desarrollo de la leucemia se explica a través de un modelo en dos fases. La primera fase tendría lugar antes del nacimiento, cuando aparece esta alteración cromosómica en las células madre encargadas de formar la sangre. La segunda fase ocurre después del nacimiento y depende de factores todavía desconocidos, que son necesarios para que estos clones evolucionen hacia una forma maligna. Entre ambas fases puede transcurrir un periodo de varios años, lo que coincide con la edad en la que se diagnostican más casos de este tipo de leucemia infantil.

  Dos fases clave en el origen de la leucemia infantil más común
  

Durante ese tiempo, la actividad del sistema inmunitario puede tener un papel relevante. Cuando el organismo del niño responde a infecciones comunes, se liberan señales que estimulan la división de las células de la médula ósea. Si entre ellas se encuentran los clones con alteraciones cromosómicas, estos también pueden verse impulsados a proliferar. Este aumento en la división celular incrementa la posibilidad de que aparezcan nuevas mutaciones. Si estas alteraciones se acumulan, el clon puede evolucionar progresivamente hasta convertirse en una célula cancerígena y desencadenar la leucemia.


Este proceso ayuda a comprender la llamada paradoja de la aneuploidía, según la cual las alteraciones cromosómicas pueden perjudicar el funcionamiento normal de las células, pero al mismo tiempo favorecer la aparición y evolución de tumores en determinados contextos. Aunque se ha observado que los cromosomas implicados en estos procesos coinciden con los presentes en pacientes, todavía no se conoce con exactitud qué factores concretos provocan la transformación final de estos clones en células malignas.


A pesar de estas incógnitas, este tipo de investigaciones resulta clave para entender el origen de la enfermedad, ya que apunta a que el proceso puede comenzar mucho antes de la aparición de los síntomas. Además, refuerza la importancia de estudiar las fases iniciales del desarrollo celular para poder identificar posibles estrategias de prevención en el futuro.


IOF